lunes, 2 de agosto de 2010

Las pequeñas cosas...



Muchas veces, por estar concentrados en nuestros grandes objetivos a largo plazo, dejamos pasar de largo las pequeñas cosas que la vida nos va poniendo en el camino. En la vorágine diaria por cumplir con los horarios, los compromisos, las fechas límite, las obligaciones... no nos damos cuenta que la vida va pasando frente a nosotros a un ritmo acelerado también.
Tan inmersos estamos en lo que queremos lograr, ya sea un título universitario, conseguir aquél crédito que nos saque de donde nos encontramos, o infinidad más de cosas, que no nos damos cuenta de las personas que hacen nuestro día a día... de sus gestos, sus palabras, sus sentimientos hacia nosotros, su acercamiento, su afecto por nosotros.
Otras tantas veces nos fijamos objetivos a TAN largo plazo, que en nuestro afán por lograrlos, no disfrutamos del trayecto hacia esa meta. Y también a veces le suele suceder a a algunas personas que ponen como objetivos conseguir algo tan perfecto, que no sólo no lo logran, sno que muchas veces dejan pasar otras oportunidades que los hubieran acercado más a su objetivo final.
Me quedo con algo que hablamos hace unos días atrás... que quizás el motivo por el cual aún te encontrabas solo era que habías sido demasiado exigente a la hora de elegir una pareja.... que quizás el que hubieras estado buscando algo tan perfecto en la otra persona, te había llevado a ún no haberla encontrado, porque aún no la encontraste.
Y eso me llevó a pensar en las veces que me animé a arriesgarme a empezar una relación. Si bien es verdad que fracasé algunas veces (podría decir, todas las veces que lo intenté) jamás empecé una relación asumiendo de antemano lo que debería ser. Si bien es verdad que debia tener el otro determinadas cosas que me atrajeran de su persona (y ambos sabemos que nada tiene que ver el aspecto físico), nunca fui demasiado exigente a la hora de elegir. Las condicioones que no se podía transar eran que fuera alegre, divertido, sincero y buena gente. Después... el resto se iría, o no, dando solo... a lo largo del compartir, del desear, del querer hacer cosas de a dos. Y aunque es verdad que no me fue bien, pude sentir el placer de amar, ese sentimiento de sentirme comprendida (aunque más no fuera de a ratos). Y quizás fueron justamente las pequeñás cosas, lo cotidiano, que hicieron que la relación no prosperara... porque no se trata solamente de lo bien que la pasábamos cuando estábamos juntos, sino de esos gestos, esa palabra de aliento o de demostración de amor en el momento justo, o simplemente cuando se daba. Las pequeñas cosas estaban en las imágenes que me quedaban luego de una velada compartida...
Y las pequeñas cosas son las que me mantienen viva hoy... las que logran arrancarme una sonrisa en medio de una discusión, las que hacen que de pronto comience a reirme a carcajadas con el simple recuerdo de algo que hicimos o dijimos... de los momentos que compartimos... la risa de mis hijas, sus ocurrencias y salidas; mis alumnos y sus comentarios o bromas, su esfuerzo y cómo mejoran en el día a día... la imagen de tu sonrisa en mi mente cuando me voy a dormir, y esa misma imagen o tus palabras cuando despierto por las mañanas. Porque un abrazo tuyo puede hacerme tan feliz!!! Tus gestos de ternura hacen que me sienta tan bien! Porque si andamos de a poco, siempre estaremos cubriendo mucho más camino que si nos quedamos estáticos, aguardando que llegue aquello que estamos buscando o que necesitamos, lo cual, ambos sabemos, nunca llega solo, si no le damos un empujoncito o salimos a su encuentro.
Todas esas pequeñas cosas son las que hacen que cada día tenga ganas de seguir apostando a más... porque sé que se puede, si lo queremos se puede.
Mientras buscaba una image para poner en este post, encontré esto en la Net, tan parecido a lo que acababa de escribir yo!!! ... Y como me gustó, lo comparto:

PEQUEÑECES.
Pequeñas piedras pueden construir grandes montañas.
Pequeños pasos pueden cubrir muchas millas.
Pequeños gestos de amor y ternura pueden hacer al mundo feliz.
Un pequeño abrazo puede secar muchas lágrimas.
Una pequeña palabra de AMOR puede colmarnos de felicidad.
Una pequeña sonrisa, puede transformar nuestro mundo.
Son esas pequeñas cosas las que construyen nuestra existencia.

2 comentarios:

María dijo...

Todo depende, de la filosofía de vida que uno adopte.
Podés estar viviendo el mejor momento y no saber saborearlo.
Podés estar ante un hecho que te sucumbe, pero si tu espíritu es de lucha, tu mente piensa en + y sos esperanzado/a, seguro, no solo sabrás verle el lado positivo, sino que, además, saldrás adelante con más facilidad.

:)

Jean dijo...

Hola María!!! Estoy de acuerdo que todo depende... como siempre, del cristal con que se lo mire! Por eso lo bueno de intentar disfrutar el hoy, con todo lo que nos da... bueno o malo... y sacar el mejor provecho, no? Besos, y gracias por leerme! Prometo estar en breve leyéndote también!